Los silencios de Irene Rosales ante los desplantes de Kiko Rivera

Kiko Rivera e Irene Rosales empezó su relación el 24 de mayo de 2014, fecha que ambos se tatuaron, él en el brazo y ella en la muñeca. A pesar de las críticas, la relación empezó con mucha ilusión y amor y, desde entonces, se volvieron inseparables. El 7 de octubre de 2016 se daban el «sí, quiero», que no evitaría que los rumores de infidelidad y de crisis les persiguieran desde entonces hasta hoy. A pesar de ello, el Dj y la sevillana forman una de las parejas más mediáticas de la prensa del corazón.

La excolaboradora televisiva siempre ha hecho caso omiso a las presuntas y constantes infidelidades del artista y no ha dudado nunca en que su papel era el de estar a su lado. «Es una cosa de él y mía. Si perdono, olvido; si no, estaría viviendo un auténtico infierno», confesaba recientemente a la revista «Semana» con la naturalidad que le caracteriza. «Hemos tenido muchas discusiones. Me he ido de casa, se ha ido él, nos hemos pasado muchos días sin hablar, y nadie se ha enterado», destacaba entonces.

La mala relación del músico, primero con su madre, Isabel Pantoja, con la que parece haber recuperado el contacto tras el fallecimiento de su abuela, Ana Martín, y en las últimas semanas con su prima Anabel Pantoja y su hermana Isa, han sido también otros escollos que han hecho flaquear a Kiko y, por ende, a Irene. Pero, como siempre, ¿quién ha sido su paño de lágrimas y su principal apoyo? Ella.

Kiko Rivera e Irene Rosales tienen una hija, Ana, y están a punto de ser padres de otra niña

La «influencer» no ha dudado en mostrarle su apoyo incondicional en todo momento, incluso cuando el hijo de la tonadillera reconoció sus adicciones públicamente. Irene permaneció a su lado como la compañera fiel que es. Forman, al menos de puertas afuera, una pareja estable, dispuesta a resistir todo tipo de adversidades, que han sido muchas, de la vida. Pero, ¿hasta cuándo? ¿Tiene límite esta situación? Rosales es tajante en todo lo que tiene que ver con su matrimonio y aunque mucha gente pueda creer que de buena persona es tonta, la realidad es muy distinta. «No soy tonta, ni imbécil. Es un proceso. Desde que pasó hasta que sale la noticia, a lo mejor ya lo he sabido y ya hemos tenido entre Kiko y yo nuestra guerra», explicaba recientemente.

Hace unas semanas los rumores de una posible separación volvían a aparecer. Sin embargo, ella dejaba claro que el motivo por el que no se les hubiera visto juntos en las últimas semanas se debía a que no resultaba fácil organizarse con dos niñas, siendo ella sola la que se quedaba a cargo de Ana y Carlota, mientras Kiko cumplía con sus compromisos profesionales.

Prueba de la buena marcha del matrimonio y de la unidad familiar es que hace unos meses la pareja adquirió una vivienda más grande y con mayor privacidad en Castilleja de la Cuesta. Situada muy cerca del pequeño chalet donde residieron en los últimos años, la nueva residencia del Dj y la «influencer» es una casa de estilo señorial, según informa la revista «Semana», una vivienda unifamiliar cuya fachada es muy característica al estar pintada en color rojizo que parece inacabada y que al no compartir vecinos y tener garaje privado, les permite una mayor privacidad.

Paula Noticias

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